miércoles, 27 de julio de 2011

Me he cruzado con tu sombra en la calle, y ha resultado inevitable no mirar esa copa en la que se añeja el vino de tus recuerdos.


He colgado tu recuerdo en el closet, junto a la ropa que ya no me queda, es curioso, porque tengo la esperanza de que se vaya con ella cuando la deje en la iglesia.
Nunca fuí lo suficientemente buena para ti, me perdía en las historias arriba de las nubes, para caer lentamente como las hojas secas que se lleva el viento; mientras tu, severamente esperabas mi descenso para interpelar mis ligerezas.
Me acerqué ciega, como el mosquito ese que se ha muerto pegado a la ampolleta del patio.
Quise tu ausencia, tu aire y el recuerdo de lo perfecto que puede llegar a ser un sueño, que se acabó de golpe al sonar la alarma del reloj.
Doce inviernos he vivído, y me llueve sobre los hombros tu olvido desidioso, viene a cubrirme aguerrido el recuerdo de los latidos que me sostienen en vaivén.
Fué mi cuerpo lienzo blanco, en el que pintaste tus arrebatos. Cuando tu silencio rozó mi espalda sentí millones de nuevas sensaciones, que se volvieron aire en medio del silencio, frente a tu imprevisto desdén, y repartieron cuchillos de amargas condenas.
Más allá del tiempo y la esperanza, más allá del dolor de la muerte, más allá del perdón, tus ojos asechan en la espera de un descuido...
(crónicas del perraje en la UAC 2009-2010)
Rimes.

1 comentario:

  1. Se vuelve congojas desear haber sido lo suficiente bueno para alguien que no atiende el deseo. Quedan pendiendo de los días la fascinaciones adquiridas, se vuelven hacia uno, días tras días, añorando recordar, tal vez no las borren ni siquiera las bravías olas del mar, tal vez descansen en discontinuas penumbras.

    El Barón de Buillón

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